La “Roja Nacional”
Estamos a punto de convertirnos en un país definitivamente normal aunque sea por la anormalidad sociológica del fútbol. Las causas de ese magma colectivo que nos clona y nos convierte en energía pura -las masas son éso- estarán en los laboratorios de los sesudos. Las consecuencias, incluso económicas, también. No es sólo fútbol, es algo más. La estupidez de las dos Españas se ha tratado de llevar también al contexto de la selección; pero se han equivocado. Que haya a quien no le guste el fútbol y lo vea como un negocio gigantesco, un mercado, una vanalidad, el opio del pueblo, un espectáculo vociferante rudo y agresivo que despierta pasiones y… violencia, que de la pasión a la violencia hay un paso… no sólo está en su derecho sino que lleva razón. El fútbol es eso, pero no sólo eso. Sobre todo cuando sale a escena… La Roja. Y ya estamos de cacharritos. También a la hora de calificar a la Selección Española emergen las trincheras sutiles de los unos y los otros. Quienes utilizan la marca La Roja para evitar la denominación Selección Española y desmarcarse así hacia un bando, y quienes evitan a toda costa La Roja por las connotaciones guerracivilistas que sugiere están en el mismo barco de la estupidez. Sobre todo porque a los miles… perdón, a los millones de ciudadanos y ciudadanas, de toda condición y edad, que están siguiendo la trayectoria de los rojos (esto lo pongo yo; de La Roja, rojos, ¿no?) en el Mundial de Sudáfrica, les suda el genital pertinente cómo carajo se llame el equipo que en el escenario futbolístico internacional representa al Estado. El zumbido de la Guerra Civil rediviva y la cuestión nacionalista han obligado a un pesado encaje de bolillos para no herir sensibilidades. España es un país libre. Quien quiera puede salir a la calle con la bandera que le salga del mismamente, o llamar a la selección como le dé la gana, u odiar la propia bandera o el propio país, escupir sobre la fotografía de Puyol -el héroe nacional-, como acertadamente titulaba ayer este periódico, porque se hizo desde la normalidad de un hecho irrefutable. Pero también en este mismo país, la gente es libre de salir a la calle con la bandera constitucional, vestir la camiseta Roja de la Selección Nacional y animar al equipo plural. Y nada más que eso. Supongo que entre el enjambre de gente que salió a las plazas a ver el partido en la gran pantalla adormidera habría de todo. Como en botica. Y si decidió explotar junta en el entusiamo colectivo, espontáneo y socializado con la Selección Nacional Roja Española para olvidar el circo cotidiano, bendita alienación transitoria. La plebe es mucho más espontánea, simple, original, elemental, más auténtica y sincera, y se divierte jaleando al equipo de fútbol que la representa. Nadie la obliga. Los defensores de La Roja contra los de la Selección Española o viceversa que sigan aburriéndosey aburriéndonos con su frentismo cutre. Hay como un airecillo de felicidad estos días, y quien lo respiró lo sabe. Que ya llegará el otoño, la actualidad fungible de cada jornada con su prontuario de injusticias… Y la emocionante primavera.
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